El capitán del Inter de Miami ha hecho saltar todas las alarmas a las puertas del Mundial. Corría el minuto 73 en el Nu Stadium cuando, tras botar una falta y llevarse la mano a la parte superior del muslo izquierdo, Lionel Messi enfiló directamente el túnel de vestuarios. Él mismo pidió el cambio, dejando su sitio a Mateo Silvetti en lo que acabaría siendo una victoria por 6-4 frente al Philadelphia Union. Aunque el argentino se marchó por su propio pie y sin necesitar asistencia médica, la imagen encogió el corazón de los aficionados. Guillermo Hoyos, técnico del equipo floridano, intentó restar importancia al asunto asegurando que el jugador arrastraba simple fatiga por lo pesado que estaba el terreno de juego y prefirieron no asumir ningún riesgo, si bien reconoció que aún no había cruzado palabra con el astro rosarino tras el pitido final.

Este inusual contratiempo eclipsó una auténtica barbaridad de partido que nos regaló la primera parte con más goles en toda la historia de la MLS. El Union llegó a ponerse 2-0 arriba gracias a un doblete de Milan Iloski —uno de jugada y otro de penalti—. Germán Berterame recortó distancias empujando a puerta vacía un centro de Messi, pero Bruno Damiani no tardó en devolver la ventaja de dos goles a los visitantes al aprovechar un rechace del meta Dayne St. Clair. Lo que vino después fue un vendaval del Miami: Luis Suárez, otro tanto de Berterame y una picadita del propio delantero uruguayo le dieron la vuelta a la tortilla para colocar el 4-3 en el luminoso. Parecía que se iban así al descanso, pero una mano de Sergio Reguilón revisada por el VAR le sirvió en bandeja el hat-trick a Iloski para firmar un demencial empate a cuatro.

La reanudación estuvo completamente pasada por agua. Cayó un diluvio tremendo que frenó en seco el ritmo frenético del encuentro, limitando las ocasiones de peligro que habían sobrado en los primeros 45 minutos. Ya sin el ’10’ en el verde, un generoso Berterame regaló el balón a Suárez en el 81 para que este firmara su triplete personal y decantara la balanza. Rodrigo De Paul, compañero de Leo en la albiceleste, puso la puntilla con el sexto de la noche, empatando el récord del segundo partido con más goles en la historia de la fase regular. Ahora la liga estadounidense echa el cierre por el parón mundialista, dejando al Miami segundo en la Conferencia Este con 31 puntos, a tiro de piedra del líder Nashville. Toda la atención médica y mediática se centra en la convocatoria de Argentina, donde se da por hecho que Messi liderará a la vigente campeona en su estreno del 16 de junio ante Argelia en el Grupo J.

Mientras en Norteamérica cruzaban los dedos por el estado físico de su estrella, al otro lado del charco se consumaba una catarsis colectiva que llevaba fraguándose más de dos décadas. En el norte de Londres, la juerga sigue por todo lo alto. El empate del Manchester City en su visita al Bournemouth certificó matemáticamente el título de la Premier League para el Arsenal 22 años después, desatando el delirio absoluto entre la parroquia gunner.

De forma totalmente espontánea, se calcula que unos 100.000 aficionados inundaron las calles aledañas al Emirates Stadium para celebrar el alirón, alargando la verbena hasta altas horas de la madrugada. Los más valientes, esos que aguantaron a pie de cañón hasta el amanecer, se llevaron un recuerdo imborrable: la visita sorpresa de Bukayo Saka, Declan Rice, Eberechi Eze y Jurriën Timber, que salieron a mezclarse con su gente. Por si la fiesta nocturna hubiera sabido a poco, la coronación oficial del domingo en Selhurst Park provocó una segunda oleada de seguidores tomando de nuevo los alrededores del Emirates. La euforia parece haberse empadronado de forma permanente en el código postal N7, y lo más fuerte de todo esto es que el plato principal aún no se ha servido.

El club ya ha fijado en el calendario la rúa oficial para pasear el trofeo liguero por las calles de la capital: será el 31 de mayo. La fecha tiene muchísimo morbo, ya que cae justo un día después de la final de la Liga de Campeones que les enfrenta al Paris Saint-Germain en Budapest. Si los londinenses logran levantar la primera ‘Orejona’ de su historia en tierras húngaras, la celebración puede alcanzar unas cotas de desfase absolutamente legendarias.