El fútbol es un estado de ánimo – GLADIADORES DEL FÚTBOL

El fútbol es un estado de ánimo

Liverpool alza la 'orejona' en 2005

“La pelota no se mancha” Diego Maradona

 

23 años disfrutando de las múltiples emociones que produce el fútbol me dan para apoyar aquella frase que en alguna ocasión pronunció el argentino Jorge Valdano: “El fútbol es un estado de ánimo”. Y sí, quizá muchos digan que no, porque el fútbol es pasión, es táctica, es anotar goles, es ser defensivos, o es apelar al “tiki taka”. Sinceramente no distan de la verdad, la esencia del deporte rey está en los goles, en los triunfos, en la táctica.

Mi argumento se basa en algo tan simple que se explica con imágenes que hablan por sí solas: El Liverpool consumando “El Milagro de Estambul”, Diego coronando su majestuoso gol ante Inglaterra en el 86, la remontada del Manchester United en la final de la UEFA Champions League ante el Bayern Munich en el 99 o aquella mágica noche en el Camp Nou donde el Barcelona culminaba la hazaña ante el PSG. No se me hace necesario plasmar las fotos de aquellos hechos, si usted es aficionado al fútbol con más de 20 años de edad, recordará la mayoría y vendrán a su haber un sinfín de emociones.

Diego celebra su gol en México 86

A lo largo de los 90 minutos dentro del verde césped, ocurre de todo un poco. El aficionado se centra en lo que puede lograr su club. Las jugadas, las faltas, los goles. Pero es un todo. Cada aproximación genera expectativa. Como si Andrea Pirlo estuviese ante la pelota presto a ejecutar un tiro libre, o si Lio Messi gambeteara en la media luna para lanzar un remate ceñido al palo más alejado al portero rival, o si el gran Cristiano Ronaldo se alzara en los cielos para rematar un centro y marcar uno de los tantos goles de cabeza en su carrera. Emociones que pasan desapercibidas, pero que marcan el rumbo del partido.

Para el espectador neutral que solo quiere disfrutar de un buen plato futbolístico, nada mejor que ver cómo de un 2-0, en cuestión de minutos se pasa a un 2-2. O si apelamos a la épica, de un 3-0 a un 3-3, y si le sumamos el condimento de ser una final de Champions League, es poético. Debo reconocer que aquella final entre Liverpool y Milán en Estambul me marcó. Ahí me convencí de lo importante que es la parte psicológica y emotiva en un futbolista. Esa pequeña dosis de adrenalina que produce un gol es capaz de motivar hasta el más chico de los clubes. Por ello, nos emocionamos cuando un equipo modesto planta cara a un gigante o cuando una “sorpresa” se consuma, como aquella bella gesta lograda por el Leicester en la Premier League en 2016.

Lo de Liverpool fue maravilloso. Un vivo ejemplo de resiliencia, puesto que en menos de 45 minutos lograron neutralizar una desventaja de tres goles. Todo arrancando gracias a un tanto anotado por el emblema Steven Gerrard a nueve minutos de arrancar el complemento. Fue tal la inyección de emoción que dos minutos después llegaría el 3-2 y y luego de cinco minutos el momento cúspide del encuentro; Xabi Alonso tomaba la enorme responsabilidad de ejecutar un penal con una pelota que ‘pesaba’ cerca de dos toneladas. El español erró, pero corrigió en el rebote y puso el 3-3 en el marcador, Desahogo total, euforia colectiva en los hinchas ‘reds’ e incredulidad milanista al ver como en siete minutos se le desvanecían tres goles de ventaja en una final. Emociones de parte y parte. Si el gol de Gerrard no hubiese entrado, otra historia sería, pero eso es un supuesto.

Liverpool alza la ‘orejona’ en 2005

Llegar es mejor que estar

 

Esta frase repetida en distintas ocasiones por el periodista y analista político Juan Pablo Varsky, resume bien lo que un gol puede causar en las emociones de un partido. 90 minutos pueden ser muy largos y ser testigos de todo tipo de circunstancias, por ejemplo aquel vivo partido donde luego del 4-0 en el Parque de los Príncipes, el Barcelona debía acudir a su mística para remontar la serie. Y así fue, desde el inicio se montaron en el marcador. Un gol tempranero dio esperanza. Se sentía en la atmósfera del Camp Nou. Luego vino el segundo y el tercer gol. El objetivo estaba al caer, pero Cavani dijo que no… todavía. El uruguayo descontaba y con solo media hora, los catalanes debían marcar tres goles más. Y la tarea se lograría con Neymar desde los once pasos y luego con la heroica estirada de botín de Sergi Roberto en el añadido para culminar una gesta poco vista.

Si preguntamos al aficionado catalán, dirá que luego del tanto de Edinson Cavani, se derrumbaron las fuerzas, que ahí había acabado todo. Pero el tanto de Neymar de tiro libre supuso un nuevo despertar blaugrana y la emoción volvía. Ahí la afición se volcó con el FC Barcelona y sirvió para contagiar a los jugadores. Fue una simbiosis perfecta para culminar la remontada.

Sergi Roberto celebra el sexto gol al PSG

Cierro con la reflexión que indica que la cabeza es casi tan importante como los pies. Y no me refiero a saber cabecear, sino a la mente, a la parte psicológica. Un jugador centrado en su objetivo puede contagiar a sus compañeros y llevarlos a la victoria, sin necesidad de ser el más talentoso, basta con que sea el más impetuoso, el más fuerte en la cabeza.

 

OSCAR QUIJANO

@ozkijano

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