Lo dejaron irse – GLADIADORES DEL FÚTBOL

Lo dejaron irse

Lo dejaron irse.

Sí, lo dejaron irse a él que parecía que no se iba a ir nunca.

Pero, ¿quiénes lo dejaron irse? Ellos, los que se suponía que lo cuidaban. Ellos, que pertenecían a su círculo íntimo y estaban con Diego en todo momento menos cuando más lo necesitó. Y no solo que no estuvieron presentes, sino que también le prohibieron el contacto con los seres que realmente se preocupaban por Maradona. Un ejemplo de esto lo denunció el “Negro” Enrique hace poco, cuando dijo que si trataba de comunicarse con el 10 le leían los mensajes y luego lo bloqueaban, imposibilitándole así cualquier tipo de diálogo. Pero, no solo tenía prohibido hablar con sus amigos, tampoco lo podía hacer con sus propias hijas. Dalma, una de ellas, publicó en Twitter que ni siquiera tenía el número de teléfono su padre porque se lo cambiaban constantemente y le decían que sus hijas ya no lo querían, que no se preocupaban por él. Lo fueron alejando de las personas que amaba, lo fueron dejando solo.

Diego quería pasar su cumpleaños con sus hijos, era un deseo que tenía pero no se lo pudieron cumplir. El Maradona producto pesó más. En vez de dejarlo tranquilo, con la familia, lo expusieron en el debut de Gimnasia por el campeonato argentino. Ese día se lo vio a Diego claramente desmejorado, una imagen que preocupó a todos los fanáticos. Apareció juntos a los poderosos, a los que se enfrentó siempre que pudo, y también lo cruzaron con cuanto sponsor pudieron. Armaron todo un circo para un torneo insignificante como este y para lograr promocionar marcas. Finalmente, Maradona se fue antes del primer gol de su equipo, quedando aún más en evidencia que nunca tendría que haber ido.

Tampoco fue la primera vez que lo dejaron mal parado frente a una cámara. Muchas veces salió a dar una entrevista sin estar bien debido a unas pastillas que tomaba para dormir. La solía mezclar con una copa de alguna bebida alcohólica, que no lo emborrachaba, pero la combinación le generaba problemas a la hora de hablar y poder declarar para un medio televisivo.

Tras tanto desgaste, que también se vio agravado por la pandemia que lo alejó de donde siempre se lo supo ver más feliz, decidieron operarlo. Una operación que su médico histórico, Alfredo Cahe, cuestionó duramente debido a que vio ciertas irregularidades y consideró que no era tan necesaria. De todos modos fue llevado a la clínica y, mientras lo trasladaban, lo siguieron exprimiendo. Su página de Instagram promocionaba su nueva marca de habanos cuando su salud corría nuevamente peligro por una nueva operación, en su cerebro esta vez. Pero, evidentemente, la agenda contractual se tenía que cumplir a rajatabla sin excepciones, ni la vida del mismísimo Maradona la podía frenar.

Diego empezó a quedar solo y a la deriva por decisiones que tomaban a las apuradas que no parecían resguardar su salud. A pesar de todo volvía a gambetear los problemas una vez más y salía bien de la operación. O eso nos dijeron, que estaba bien. Estaba tan bien que se dieron el lujo de llevarlo a una casa que seguramente no contaba con todos los elementos necesarios para cuidarlo. Estaba tan bien que lo dejaron solo, pero esta vez sin siquiera ningún falso amigo o profesional que lo monitoree, esta vez lo dejaron realmente solo. Claro que en algún momento alguien lo visitó y hasta un dron entró a la casa para molestarlo. Pero nadie estuvo ahí cuando realmente tenía que estar. Porque no lo dejaron, porque no podían o porque simplemente lo descuidaron.

Todos sabían que algo le pasaba, se veía que no era el mismo de siempre pero la mayoría callaron, miraron para otro lado o quizás buscaron alguna solución y no llegaron a tiempo porque ahora, ahora es demasiado tarde.

Lo dejaron irse y esta vez él se fue. Se cansó. Le privaron amor a la persona más amada del planeta y su corazón no lo aguantó. Pero tranquilos. Tranquilos porque ahora volvió a su planeta y allí volverá a sentir el amor más puro que tuvo, el amor verdadero de Doña Tota y Don Diego. Descansa Diego, te vamos a extrañar.

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